El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Casey abandonó Benton en el tren obrero. Se componía de una larga hilera de vagones y de góndolas transportando piedra, hierro, grava, traviesas… todos los materia les precisos para el entretenimiento de la vía. La máquina iba a la cola, empujando en vez de arrastrar; a la cabeza iba una plataforma cargada de grava y ocupada por Casey y varios obreros. Inevitablemente, el irlandés gravitaba siempre a vanguardia, fuese del trabajo, fuese de la con tienda.
Desde la salida de Benton hasta la cima de una larga rampa del desierto veíanse indicaciones de los intentos de los indios de levantar la vía para hacer descarrilar los trenes. Eran tan corrientes en la diaria vida de los obreros esas señales sioux, que las acogían con absoluta indiferencia, haciéndose temerarios y en ocasiones pagando con la vida su temeridad al verse sorprendidos en pequeños grupos aislados por los siempre vigilantes enemigos.
La tropa había salido de Benton en los trenes que conducían al poblado y sus habitantes.
El avance de Casey y sus camaradas hacia el Oeste era lento por la necesidad de ir reparando la vía y mantener continua vigilancia. Esperaban que el tren regular del Este les alcanzase, pero no percibían ni su humo. Debía de haber ocurrido algún percance o acaso estaba en Medicine Bow detenido por alguna orden telegráfica.
