El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Se quito la pipa de la boca para atascarla de nuevo.
—¡Ahuh! —gruñó.
—Parte de Medicine Bow…, orden de detener el tren del general Lodge… Trescientos sioux emboscados cerca de esta estación… Lodge está entre aquà y Roaring City —recitó el telegrafista, que estaba muy excitado.
—Y… ¿el parte es de Medicine Bow? —exclamó Casey mientras sus hombres murmuraban entre sÃ.
—SÃ. Debieron de transmitirlo aquà anoche cuando O’Neil, el de guardia, estaba ya muerto. Le asesinaron los indios mientras dormÃamos.
—¡Es una condenación! —exclamó Casey seriamente.
—El mensaje debió de llegar a Medicine Bow en tránsito. Stancey me lo transmitió a mÃ. Yo he intentado pasarlo a Roaring City, pero han cortado la lÃnea.
—Y… ¿es seguro que el general ha salido de…? ¿Cómo se llama el nuevo campamento? ¿Roaring… qué?
—Roaring City… Hace dos dÃas el general Lodge pasó en un tren especial. Llevaba escolta, como de costumbre, pero… no la bastante para hacer frente a trescientos sioux… ni a cien.
—El general debe de haber salido ya de Roaring City… Si no, no habrÃan cursado ese mensaje.