El Caballo de hierro
El Caballo de hierro ¡Estaba frÃa! ¿Cuándo le habÃa ocurrido semejante cosa? Casey meneó la cabeza. ¡Enfriársele la pipa sin advertirlo! Mal iban las cosas en el U. P. para haber llegado a trance parecido. Volvió a atascarla y, no obstan te el viento, la encendió. Aspiro a pleno pulmón, se puso en pie, se aferro al freno y sintió un cambio en su sangre.
—¡Mi pipa apagada…! ¡Tiene gracia…! —Soliloquió.
El fenómeno le parecÃa extraordinario; aún más, único. ComprendÃa la importancia de su misión al cotejarla con la de su olvido. Bajo la lenitiva influencia del tabaco y consciente de su misión cumplida, pasadas memorias empezaron a acudir en tropel a su mente. Experimentó in sólita sensación, la de volver a vivir hechos pretéritos. Y los hallo vÃvidos, emocionantes, gratos. Batallas durante la guerra civil; el dÃa que salvó una bandera y, mejor, la noche que salvo a Pat Shane… para que luego le hiciera polvo una bala sioux; mil y una aventuras con McDermott, que minutos antes le habÃa despedido con ojos dilatados por la emoción… y las innumerables peleas en las que habÃa tomado parte activa o de espectador… todo pasó velozmente ante sus ojos llenándole de sereno y elevado orgullo.