El Caballo de hierro
El Caballo de hierro »Los unos se rieron…, los otros le miraron, pero Lee se excitaba por momentos… Yo le oÃa decir por lo bajo.
»—No puede ser… ¡Su hija!… ¡En un garito!… Pero… esa cara… Y por otra parte, ¿dónde podÃa esperar hallar a la hija de tal madre?
»Lee se acercó adonde la chica estaba, seguido por sus amigos. Yo también les seguÃ. Cuando paró la música, la joven levanto los ojos y le vio. Él estaba más blanco que un fantasma y ella… parecÃa paralizada.
»La concurrencia se dio cuenta de que pasaba algo raro y se aquietaron todos… ¡Maldito me vea, General, si los ojos de aquella muchacha no echaban chispas! En mi vida he visto cosa igual. Adelantándose, fue derecha a Lee, parándose tan cerca de él que podÃa haberle tocado con la mano.
»Lee extendió la suya.
»—¿Ha oÃdo usted hablar de Allison Lee? —le preguntó.
»Ella pareció dar un brinco.
»—Es mi padre —dijo—. Yo soy Allie Lee.