El Caballo de hierro
El Caballo de hierro —MÃster Lee —dijo en voz muy baja; y la sangrienta mancha de su camisa al agitarse revelaba su difÃcil respiración—, mi único sentimiento… es no haber obligado… a Durade… a decir la verdad. Él querÃa vengarse en Allie… de su madre. Lo que dijo… de Allie… es mentira…, tan negra como su corazón… PretendÃa que asà fuese…, pero ella logro salvarse… Durade jugó con ella… como un tigre…, y por fortuna… prolongo demasiado el juego… Debe usted… creer…, comprender… su inocencia… Dios ha velado por ella… No fue ni suerte… ni accidente…, sino inocencia. Hough murió por salvarla…, luego Ancliffe… y por último, mi antiguo amigo…, Larry King… Esos hombres perdidos…, condenados…, sintieron una inocencia que… les hizo…, como a mÃ…, enloquecer… Eso es prueba suficiente…, si la requiere… Hombres de vidas truncadas…, como ellos…, no podrÃan elevarse… y morir… vÃctimas de una falsa impresión… de inocencia…
La voz de Neale era casi un murmullo, fijos los ojos en Allison Lee ansiando ver en él la credulidad que perdÃa.
—Le agradezco el servicio… que me haya prestado y su defensa de ella —dijo—. ¿Qué puedo hacer en su favor?
—Yo…, yo…
—¿Hay alguna forma en que pueda recompensarle?
—Lo único que pido… es que me crea.