El Caballo de hierro
El Caballo de hierro Llegó el día en que se graduó en la categoría de remachadores. Para él, aquella división del trabajo representaba la parte más refinada del espíritu constructivo. Los remachadores, los hombres que unían los carriles, que cerraban los postreros eslabones; los hombres musculosos, semidesnudos, bronceados como indios, parecían encarnar a la vez el romance y la realización. Neale resultó poseer un genio especial para el manejo del ponderoso martillo. Tenía una acción suelta, fácil, de tremenda potencia impulsiva. Tan aprisa podía trabajar que su compañero en el carril opuesto veíase apurado para seguirle, y así ganaba momentos de relativo descanso, durante los cuales con templaba la escena de animación, movimiento y vida.
Cierto día trabajaron sin interrupción mientras, a un kilómetro de la vía, los soldados rechazaban un ataque sioux; otro día, por fin, vio las brigadas de afirmado volver del tajo. Habían concluido. Hombres, carros y caballos, de regreso. Se habían encontrado con las del Este y las dos líneas de fundamento estaban unidas. Al pasar los saludaron con estruendosos hurras. Fue un gran momento.