El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Reddie, confiesa por qué Wallen te persigue ―dijo Brite astutamente. Su sangre tejana no se oponÃa a esta evasiva. Además, de lo alto de un cerro descendÃa un oscuro jinete a galope. ¡Pan Handle!
―¡Oh… Tex! ―exclamó Reddie acremente ――. Me persigue porque… yo… no soy lo que usted piensa.
Texas sintió como un escalofrÃo, pero no dejó por un momento de vigilar al jinete que tenÃa enfrente.
El rostro de Wallen se tomó lÃvido.
―¿Y qué eres entonces, Reddie? ―preguntó Texas con voz llana y frÃa.
―Yo… yo soy una chica, Texas… Por eso me persigue ―repuso Reddie secamente.
―¡Atención! ―gritó Ross Hite con voz aguda.
Wallen echó mano a la cadera. Texas pareció borrarse ante la tirante mirada de Brite. Se vio un fogonazo y, tras el estallido, Wallen se irguió en súbita rigidez. Su rostro oscuro cambió de expresión pasando de una terrible cólera a una horrenda palidez y, descolgándose de la silla cayó flojamente al suelo. Su caballo huyó, espantado. El otro caballo se encabritó resoplando.
―¡Fuera de aquà o…! ―gritó Texas encañonándolos Brite, respáldeme con su rifle. ¡Reddie, aquÃ!