El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Mi lecho está ahà arriba entre la maleza, Tex. Acabo de levantarme, y acerté a oÃr esta confabulación.
―¡Pues voto a tal que llegas a buena hora!
El aspecto y la actitud de Hallett sufrieron un cambio radical. Al principio mostró completo asombro e incredulidad. Esto cedió luego paso a emociones más profundas, cólera repentina, odio y temor.
―¿AsÃ, que has vuelto, eh? ―preguntó despectivamente―. Apuesto a que no recuerdas que anoche estuviste borracho.
―Yo no he estado borracho, Hallett.
―Ya. Supongo que dirás que tuviste una pelea.
―No. Alguien ha enviado una bala rozando mi cabeza, es verdad. Yo seguà camino hacia el campamento, como ves; y ahora, por Dios, que voy a poner en claro lo que he hecho y lo que sé.
―Shipman, este hombre estaba tan borracho anoche, que no recuerda haber entrado a tiros en casa de Snell.
―Eso dices tú, Hallett. Pero Ben te ha llamado embustero. Si yo conozco a los tejanos, eso no se dice aquà en vano.
Brite se adelantó de detrás del grupo.
―Tex, yo estuve anoche en casa de Snell. He visto a Hallett y Chandler en aquel lugar. Ben no estaba borracho.