El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Durante el momento de silencio que siguió la cara de Hallett se fue tornando lívida. Se replegó un poco, como para saltar, y con una mano en cada cadera se ladeó lentamente hacia su caballo. Su máscara había desaparecido. Su propósito era escapar. Pero tenía una expresión venenosa.
―Shipman, si dices una palabra más, te abraso ―dijo con voz raspante, una expresión asesina en sus ojos.
Texas tragó saliva, pero permaneció en un silencio frío.
―¡Bah, tú no abrasarías a nadie! ―gritó Ben Chandler con pasión―. Tú eres un fanfarrón y un embustero. Tú no puedes usar esa guapería conmigo, Hallett.
―¡Cállate tú…, imbécil! ―continuó el jinete retrocediendo hacia su caballo.
―Ben, no digas nada más ―aconsejó Brite reconociendo lo que a Shipman le parecía tan sencillo.
―Pero, Mr. Brite, yo me avergüenzo de lo que he hecho ―protestó Ben, el rostro llameante―. Yo quiero confesarlo, y llamarle a este embustero en su cara lo que se merece ante todos vosotros.
―¡Un momento! ―intervino la fría y cortante exclamación de Pan Handle Smith.
―Prestadme un revólver ―prorrumpió Chandler.