El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Pan Handle, habÃa olvidado que estabas aquà ―declaró Brite, conmovido y aliviado―. Ha estado bien hecho… Yo vi a Hallett con Ross Hite ayer noche.
―Ben, suelta ahora esa historia ―ordenó Texas Joe―. Faltó poco para que te quedaras callado para siempre.
―Tex, tú no estuviste tampoco muy lejos de ello. Lo leà en sus ojos ―dijo Smith secamente.
―¡Ah! Tal vez no lo haya visto yo ―repuso Texas roncamente―. Pan, te debo ésta… ¡Y asà aprenderé a no separarme nunca de mi revólver!
―Vamos, Ben; cuenta lo que sabes ―intervino Brite. Chandler se dejó caer sobre un bulto de ropa y hundió la frente en las manos.
―Jefe, no hay mucho que decir ―repuso con voz apagada―. Hallett se puso a dar vueltas alrededor de mÃ. Me persuadió para que fuera con él, diciendo que tenÃa que arreglar un asunto con Hite. Hace unos dÃas, por la noche, Hite se puso al habla con Hallett cuando éste montaba guardia. Le ofreció quinientos dólares para que dejara una parte del ganado al descubierto, a fin de que él y su equipo pudieran separar un buen puñado de reses… Al principio, yo… yo convine en ello. Confieso mi traición. Pero aquella vileza me roÃa las entrañas noche y dÃa, y cuando llegó la hora… perdà los ánimos. No podÃa llevarla a cabo… Eso es todo, señor.