El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Nada más se dijo directamente. Reddie llevó la remuda unos cien metros fuera del campamento y se adelantó en su caballo negro, que lucÃa hermoso con su paso oscilante. Reddie hizo saltar a los vaqueros antes de frenarlo.
―MÃster Brite… Texas… Pan Handle ―dijo sofocada―. Traigo malas noticias. Nichols, con su camada de dos mil cabezas y pico, viene pisándonos los calcañares. Y detrás de él, a poca distancia, viene Horton a cargo de una gran manada para Dave Slaughter.
―¡Maldición! ―exclamó Brite levantando los brazos.
Texas Joe usó un lenguaje igualmente expresivo, pero no muy adecuado para los oÃdos de una jovencita. Luego se puso la bota, lo cual le dio bastante quehacer.
―Los dos han enviado un mensajero a decirnos que crucemos pronto el rÃo, pues de lo contrario se nos echarán encima ―continuó Reddie, con las mejillas encendidas―. ¡Oh! ¡Cómo va el rÃo! Estaba oscuro cuando yo partÃ… MÃster Brite, no es posible pasar a nado ese mar.
―Reddie, acaso no sea posible. Pero debemos intentarlo ―repuso Brite.
―¡Oh! ―gritó Reddie súbitamente, viendo al ensangrentado Hallett tendido en el suelo―. ¿Qué… qué ha ocurrido? ¿No es ése Roy?
―SÃ, muchacha; asà parece.