El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Oh… ¡Está muerto!
―Asà es.
―¿Quién? ―preguntó ella, presa de una sana indignación.
―Reddie, yo soy ese mal hombre ―dijo Pan despacio.
―¡Tú…, tú…, sanguinario gunman! ¿Por qué has matado a ese pobre muchacho?
Pan Handle volvió la espalda; Texas bajó la cabeza; Brite observaba y permanecÃa callado. Ben alzó entonces la vista.
―¡Cómo, Ben! ¿Estás herido también?
―Sólo un arañazo, Reddie. Verás. Ha ocurrido como sigue ―comenzó; y explicó valientemente su participación en la tragedia, acusando duramente a Hallett, pero sin excluirse a sà mismo.
¡Ben Chandler! ―exclamó ella con voz conmovida. Luego, a medida que las ideas se iban aclarando en su cabeza, comenzó a mirar sucesivamente a Texas, Brite y el cadáver de Hallett, volviendo sus ojos llameantes a Ben, la enormidad de cuya falta parecÃa aumentar prodigiosamente.
―¡Convenir en traicionar a nuestro jefe! ―prorrumpió ella con profundo desprecio―. ¡Robar a la mano que te da pan! ¡Dios mÃo! ¡Ésa es una verdadera infamia!