El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Reddie oyó, pues agitó la mano en respuesta, y continuó avanzando. Un momento después su caballo entraba a nado cara a la rápida corriente con sus grandes y turbias olas. Texas descargó los cartuchos que le quedaban en el revólver, apuntando de modo que las balas dieran en el agua, no lejos de Reddie.
Luego bramó como un gigante:
―¡Da la vuelta! Reddie, no es lo mismo… ¡El diablo te lleve! ¡Obedece mis órdenes!
Reddie contestó con un grito alto y agudo que el viento trajo en forma de una respuesta dulce y agreste.
―Demasiado tarde, Tex. Ya está en la corriente.
―Ése es todo un caballo, Brite. Déjala venir ―intervino Pan Handle.