El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Vuelve acá, Pan ―gritaba Reddie alegremente―. Ha sido una diversión. ¿Qué pensáis de mi caballo?
―El caballo es magnÃfico. Pero tú has corrido un grave riesgo sin necesidad.
Reddie espoleó a su caballo y a poco lo detuvo ante Texas y Brite. Era algo digno de ver. Pálida, con una excitación contenida, sus grandes ojos oscuros y audaces muy abiertos, se quedó a caballo esperando que cayera la sentencia. Estaba mojada hasta el cuello, chorreando. Su blusa no ocultaba ya el agitado contorno de su seno.
―Siento haberles dado un susto, señores ―dijo un poco atemorizada―. Pero ustedes me necesitan aquÃ, y yo tenÃa que venir.
―Reddie Bayne, yo te he gritado ―comenzó Texas severamente.
―Desde luego. Ya le habÃa oÃdo.
―Te ordené que volvieras hacia atrás. ¿Lo oÃste?
―¡Vaya si lo he oÃdo! ¡Ni siquiera que estuviera muerta!
―¿Entonces no me tienes respeto como conductor jefe de esta manada?
―No habrÃa vuelto hacia atrás aunque me lo mandara el propio Mr. Brite ―replicó ella vivamente. Pero su rostro habÃa palidecido, y sus ojos se dilataban.