El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¡Oh, pobrecita! ―exclamó Reddie rodeando a la chica con el brazo―. Pero ahora está usted a salvo con nosotros. Éste es el equipo de Brite. Y hay buenos peleadores en él. Texas Jack, Pan Handle y aquà Deuce Ackerman. Malos hombres los tres, querida, pero es bueno tenerlos de nuestra parte cuando hay que vérselas con ladrones de ganado o con pieles rojas.
Deuce y Reddie llevaron a la chica sendero arriba, seguidos por Brite, Texas Joe y los otros vaqueros que no se quedaban con Williams. El sendero se extendÃa entre el rÃo y el lugar donde los comanches habÃan encontrado la muerte. Texas y Holden marcharon de frente, a buscar los caballos. Deuce puso a la chica en su silla, y montó detrás de ella. Minutos después llegaban a un grupo de árboles que les era familiar. Pero Brite no lo reconoció.
―¡Oh, que el demonio me…! ―vociferó Texas Joe de súbito, deteniéndose. Tan formidable reniego en estas circunstancias no podÃa indicar sino algún desastre.
―¿Qué te pasa, Tex?
―Abra los ojos, jefe. Aquà está el campamento y nuestra galera. Pero ¿dónde está Moze y adónde han ido nuestro ganado y nuestros caballos?
―¡Perdidos! ―exclamó Reddie.