El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―No sé, señor. Tan pronto como se fueron ustedes vi venir unos jinetes rÃo abajo. Y este niño corrió a subirse al árbol. En seguida los sentà cerca, y vi a ese hombre alto y flaco que llaman Hite. No hay duda de que era el mismo. Estos hombres se pusieron detrás del ganado y arrearon rÃo arriba, a la carrera. Y dejaron nuestros caballos.
―Vaya. Ahora, jefe, se nos han acabado las dificultades ―dijo Texas arrastrando las palabras―. Desmonte y tan pronto como el resto de nuestro equipo esté aquÃ, cambiaremos impresiones.
―Moze, tenemos un huésped: miss Hardy ―anunció Ackerman al apearse del caballo, ayudando a bajar a la chica―. Todo su equipo, excepto su padre, ha sido muerto por los comanches.
―Ya puedes prepararte a encender el fuego, Moze ―añadió Texas―. Estamos varados aquà quién sabe por cuanto tiempo. Calienta agua y saca vendajes limpios. Pronto tendremos aquà un herido.
―¡Jesús! Este sendero de Chisholm se está poniendo feo ―exclamó Moze mostrando el blanco de sus ojos.