El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Gracias, miss Bayne. Ésta es la primera vez durante todo el viaje que me hace justicia. ―Y luego, con otra inclinación, esta vez dirigida a Ann, añadió ―: Miss Hardy, existen personas que pudieran informarle de que la bala de plomo que llevo en la pierna la recibà por interés de una damita casi tan linda como usted. Y el hombre que me la disparó recibió de mi parte otra en la cabeza.
Ann pareció profundamente impresionada y confusa; Reddie bajó la vista, derrotada; los jinetes se quedaron en silencio. Texas se habÃa ofendido. Brite alivió la situación ordenando a Moze que se diera prisa en su trabajo, y que lo tuviera todo listo para partir en cualquier momento dado.
―Que alguno vaya a buscar la pareja de tiro. Y echad hacia arriba la remuda. Tex, supongo que Williams pensará equipar el nuevo vehÃculo a fin de que Hardy vaya cómodo. La chica puede ir en el asiento delantero. ¿Quién se ofrece para guiar el vehÃculo?
―Yo ―dijo rápidamente Deuce Ackerman, antes de que los otros pudieran interponer sus vociferaciones.
Aquà intervino Texas Joe, frÃo y autoritario, con el sombrero bien calado. Brite fue tal vez el único que vio la malignidad en sus ojos.
―Deuce, si no te molesta, yo guiaré esa galera. Como ves, no tenemos ninguna manada que azuzar.