El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Media milla más allá, el ancho espacio ribereño presentaba un espectáculo maravilloso. Aparecía enteramente cubierto por una gran masa moviente de ganado que se extendía a través del río, pasaba la margen opuesta y se internaba en el arbolado. La manada no había sido aguzada por conductores expertos. Brite no veía un jinete. Desde luego, estarían por el lado superior, si el agua era rápida y profunda. Todo el ganado iba vadeando, lo cual aseguraba que el cruce sería, si lento, por lo menos seguro.
―Bueno, compañeros, lo que vamos a hacer es un trabajo poco digno, propio de indios comanches; pero el equipo de Hite no merece que nos expongamos a recibir un arañazo. Cuidado, ahora. Miradme a mí y no al río. ¡Va a empezar en seguida!
Se adelantó hacia los sauces y se deslizó entre ellos sin mover apenas una hoja. Brite veía el agua, y sentía su suave fluir, pero no tenía una visión clara. Entre tanto, el interminable mugir del ganado se iba haciendo más cercano. Texas avanzaba cada vez más despacio. En algunos lugares los sauces se hacían casi impenetrables, y tenía que escurrirse dando un rodeo, pero siempre tendía a acercarse al río, y no en sentido contrario.