El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Los gritos de los conductores le hicieron detenerse. Echó rodilla en tierra e hizo seña a sus compañeros de que se acercaran. Se pararon, y se movieron a gatas hasta rodearle.
―Creo que… con cien… metros más estaremos a punto ―dijo en voz baja y cortada. Respirad. Hombre sofocado no puede tirar. Aguardad aquÃ.
Salió a la barra de arena, donde se le veÃa a través de los sauces. Pronto regresó.
―Dentro de cinco minutos… comenzará la refriega ―susurró. Las gotas de sudor caÃan de su rostro curtido―. Van cuarteando a través de la corriente. Eso pondrá a los hombres a tiro, si podemos… avanzar… un poco más.
Se levantó, con el cuerpo inclinado, y siguió deslizándose hacia delante, esta vez sin precaución aparente, probablemente porque habÃa adquirido la certeza de que no podÃan ser vistos. Brite siguió a Reddie de cerca, cada vez más maravillado de ella. Cada pocos pasos volvÃa la cabeza, como un pájaro vigilante, para ver si él la seguÃa de cerca. En estos momentos sonreÃa. Sus ojos tenÃan una expresión oscura y atrevida, y sólo el perlino matiz de su mejilla indicaba que su sangre habÃa retrocedido. Débiles sonidos sibilantes se escapaban de sus labios al respirar.