El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Para asegurarnos, iremos unos cuantos delante ―dijo Texas―. San, Bender y Less venid conmigo… Mirad con atención, y si veis bocanadas de humo corred a proteger vuestras preciosas vidas.
Estos jinetes cruzaron en buen orden, probando la validez del juicio de Ackerman. Reddie cruzó a continuación con la remuda; después lo hizo Moze, y no sobre las ruedas de su galera. El vehÃculo de Hardy se atascó a un poco más de la mitad, y tuvo que recibir auxilio.
―Daos prisa, antes de que se hunda en el lodo ―gritó Texas que habÃa pasado ya―. Venga usted, miss Ann. Yo la llevaré a tierra. Ahà se va a mojar toda.
Era cosa de ver el rostro de Ackerman cuando Ann Hardy se inclinó gustosamente hacia fuera para ser llevada a tierra en brazos de Texas Joe. A continuación, los jinetes ataron sus cuerdas al vehÃculo y ayudaron a la pareja de tiro a conducirlo hasta la orilla. Williams condujo el tercer vehÃculo sin tropiezo a través del rÃo. Pero el cuarto y último se atascó en el lodo hacia la mitad del camino.
Este accidente contuvo a la caravana. Era el mayor vehÃculo de todos, medio cargado de pieles de búfalo, y a cada nuevo esfuerzo por rescatarlo se hundÃa más en el lodo. Los jinetes rompieron sus cuerdas. Luego se echaron al rÃo, con el agua hasta la cintura e hicieron toda clase de esfuerzos, sin resultado favorable.