El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Finalmente acudió Williams vadeando, desenganchó los caballos y los condujo a tierra.
―La galera no vale nada, de todos modos. Y los cueros no importan. Hay diez millones sueltos sobre esta tierra.
Siguieron camino con dos parejas de tiro enganchadas a la galera de Hardy, que llevaba la carga más pesada. Y pronto salieron de la tierra baja del valle a la vasta elevación de la meseta. La manada había sido conducida casi en derechura al Este. Williams dijo que ello obedecía a la intención de ir a dar al sendero de Chisholm. Antes de mucho tiempo, quedó verificada la conjetura.
El día era bochornoso y gestaba tormenta. Rebaños de búfalos pastaban a ambos lados, acompañados por manadas de lobos y coyotes y bandadas de pájaros. Hacia mediodía Ackerman, que tenía aún el anteojo de Brite en la mano, informó que la manada estaba a la vista, a menos de diez millas de distancia. Durante la tarde, la caravana fue ganando terreno, hecho que probablemente no pasó inadvertido para el equipo de Hite. A la puesta del sol, Hite detuvo la manada en plena llanura, donde no se veía un árbol ni un matojo. Un reducido espacio de terreno cenagoso, bien regado y arbolado, atrajo la atención de Texas Joe, que se dirigió al lugar y seleccionó un campamento. Unas seis millas escasamente separaban a los dos equipos.