El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Yo he pasado por un par de tormentas eléctricas ―intervino Texas, que se habÃa detenido a escuchar―. Y por cientos de simples tempestades de truenos y relámpagos. Sólo dos de estos malditos diluvios de electricidad que cubren la tierra y cuanto hay en ella. He visto bolas de fuego en las puntas de los cuernos de todas las vacas. He visto correr el fuego a lo largo de la crin de un caballo y sentido su ruido. SÃ, señor, las malas tormentas son un infierno para el vaquero.
Más tarde, cuando las chicas se habÃan alejado, Texas habló a Brite seriamente y en voz baja.
―Jefe, cualquier clase de tormenta que estalle esta noche, aunque no sea más que de relámpagos, favorecerá lo que Pan y yo tenemos pensado.
―¡Tex! ¿Qué es lo que te propones? ―preguntó Brite rápidamente.
―Esta noche vamos a recobrar la manada.
―¿Tú y Pan? ¿Solos?
―Solos. Es la forma de hacerlo. Pan querÃa ocuparse de ello sin ayuda de nadie, y lo mismo yo; pero hemos acordado unir nuestras fuerzas. Vamos a ir juntos.
―Shipman, yo…, yo no sé si lo permitiré ―continuó Brite, gravemente.
―SÃ, lo hará. Me desagrada desobedecerle a usted, MÃster Brite. Pero yo soy el conductor jefe. Y en cuanto a Pan Handle…, ¡caramba!, ese hombre no puede tener jefe.