El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Tex, no te burles de mÃ. Desde luego que los sentidos se me van hacia ella. Pero no acabo de comprender tu plan. Por ejemplo, cuando tú y Pan os pongáis a circundar la manada, yendo en direcciones opuestas, y os encontréis de nuevo, ¿cómo demonios os vais a reconocer? Los disparos a la luz del relámpago tendrÃan que ser tan rápidos como el relámpago mismo. ¿Cómo rayos vais a evitar el hacer fuego uno contra otro?
―Tengo que confesar que esto me aturde un poco. Después de la cena cambiaremos ideas. Puede que alguno encuentre la solución precisa. Si damos con el camino seguro, ya pueden despedirse Hite y su pandilla.
Moze dejó oÃr su familiar llamada de clarÃn.
―Oh, esto es magnÃfico; todos juntos aquà por primera vez ―exclamó Ackerman, que se sentÃa eufórico. Acababa de sentar a Ann en un fardo junto a él.
―SÃ, pero puede ser la última; asà que sacadle el mejor partido ―dijo Texas despacio, fijando sus penetrantes ojos oscuros en Reddie. Brite vio que ella contenÃa el aliento. Luego se hizo el silencio.
El crepúsculo se hundió en la noche, que cerró con una atmósfera húmeda y amenazante; los truenos resonaban más cerca y con mayor frecuencia. En el cielo occidental desaparecieron todas las estrellas. La luna no habÃa salido aún.