El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Ah, ya… Bueno, Hite no estaba de guardia según vinimos a darnos cuenta cuando todo había terminado… La suerte nos acompañó, jefe. Nos pusimos en marcha y tomamos la situación antes de que estallara la tormenta. Así, que cuando comenzó a relampaguear no tuvimos que ir muy lejos. Conforme nos íbamos acercando a la manada, vimos partir un jinete como si el diablo le fuera dando mecha. Seguramente nos había visto. Justamente después de esto, la lluvia empezó a arremeter contra nosotros. Nos separamos, conforme al plan, y partimos en torno a la manada. El ganado se arremolinaba en un grupo, bajando las cabezas, entrechocando las astas, con creciente impaciencia. El viento, la lluvia y los relámpagos me daban por la espalda. Y esto fue una suerte. No había avanzado mucho cuando oí un disparo. El viento pasaba en rachas, así que, cuando amainaba un poco, yo podía oír. Así fue como oí gritar a uno de los guardas de Hite.