El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Y que luego siga hasta California con usted? ―concluyó él atrevidamente.
―Si usted quiere ―repuso ella; y por un momento el tiempo y el espacio desaparecieron de la conciencia de ambos.
―¡Ah, qué buena es usted! ―exclamó él finalmente.
―Ha sido simplemente maravilloso… el haberla conocido… Adiós… Tengo que volver junto a los otros.
―Adiós ―balbució ella dándole la mano. Deuce se la besó con galanterÃa y desapareció luego a escape a través de la praderÃa, hacia la manada.