El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Qué se figura usted? Esto no es Santone ni Abilene ―dijo ásperamente―. Puedo servirle harina, habas, café, tabaco y tal vez…
―Dame lo más que puedas, Tom ―interrumpió Brite rápidamente―. Yo no soy un ladrón. ¿Puedes enviar el pedido al campamento?
―Seguramente, dentro de una hora.
―Está bien, pues. Y muy agradecido. ¿Ha pasado alguna otra manada?
―Últimamente no. Tiene todo el sendero para la suya. Lo cual es bastante peligroso.
Brite se daba cuenta perfectamente de ello.
―Los comanches, y los kiowas en particular, se han hecho desagradables últimamente ―continuó Doan―. Caballo Negro y Santana están en pie de guerra. Déjeme darle una idea. Si ese viejo diablo comanche entra en su campamento, puede parlamentar, argumentar con él, pero a la postre déle lo que pida. Por esta razón le conviene llevar vÃveres de sobra y especialmente café y tabaco. Pero si el jefe kiowa le detiene no le dé nada, como no sea un mal consejo. Santana es peligroso para equipos débiles. Pero es un cobarde, y se le puede atemorizar. No tolere ninguna negociación con los kiowas. Muéstreles que va bien armado y que es capaz de hacer fuego en un abrir y cerrar de ojos.
―Muy agradecido, Doan. Recordaré tu advertencia.