El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Dónde puedo despedirme de los Hardy?
Ella señaló la puerta abierta por donde acababa de salir. Brite entró rápidamente y terminó con aquella penosa entrevista.
―Un momento, Brite ―gritó Doan, conforme el ganadero se apresuraba a salir―. Yo no soy, tan escrupuloso acerca de los indios como de los hombres de mi color. Pero tengo que conservar relaciones amistosas con todas las tribus. Comercian conmigo. Voy a decirle, sin embargo, que los indios que se hallan ahí fuera son espías de alguna banda de comanches, y han estado esperando a que pasara el primer hato de ganado. Usted sabe que todos pasan por aquí. Consiga que los indios esperen a la próxima manada, si puede. Es una táctica prudente. Mi consejo es que debe lograr detener a esos dos comanches.
―¿Detenerlos?
―Seguramente. No permita que vayan a echar el ojo a su equipo y luego a informar a su jefe. Puede ser el propio Caballo Negro.
―Ésa es una idea. Se lo diré a Texas ―repuso Brite, pensativo, y salió en compañía de Reddie.
―¡Vaya! ―susurró ella con los ojos muy abiertos―. Nos está dando a entender que debemos matar algunos comanches más.
―Así parece. En cambio, no nos ha dado a entender nada acerca de Ross Hite.