El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Reddie espoleó su caballo y partió veloz como el viento. Brite infirió que ella se había dado cuenta ahora de que podía poner fin a la fiereza de Joe Shipman.
El ganado estaba paciendo y en buen orden. Al Oeste, a lo largo del río, se levantaban nubes de humo y a intervalos llegaba en el aire suave un sordo rumor de cascos. Los búfalos estaban cruzando el río Rojo. Brite y Reddie ocuparon los lugares de San Sabe y Rolly Little en la guardia, y los vaqueros eran como dos chiquillos acabados de soltar de la escuela. Partieron a galope hacia el pueblo. Pasaron lentamente las horas. La manada no se movió media milla; la remuda, todavía menos. Brite no apartó la vista de un indio montado que, habiendo partido del puesto, vigilaba el campamento desde lejos.