El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Un poco después, cuando Brite se hallaba descansando, se sintió sobresaltado por unos disparos. Se levantó de un salto a tiempo para ver al espía indio galopando como un rayo a través del llano. Texas y Pan Handle, doscientos metros a la izquierda, hacían fuego a los comanches con la rapidez que permitían sus dedos. Su propósito era probablemente asustarlos ―pensó Brite en cuyo caso habían conseguido plenamente su propósito. Ningún indio montaba tan bien como un comanche, y éste superaba todos los records a corta distancia. Ocurrió que se dirigía llanura abajo en una dirección que le conduciría a poca distancia del lejano extremo de la manada, donde había un vaquero de guardia. Este hombre, fuese Holden o Bender, vio al indio y disparó contra él con su fusil de búfalos. Desde ese instante hasta que se perdió de vista, el comanche se escondió contra el costado opuesto de su caballo.
Texas Joe venía hablando en el enérgico lenguaje de la llanura cuando entró en el campamento, y evidentemente había ocurrido algo que le irritaba.
―¿Qué te pasa, Texas? ―preguntó Brite―. Yo me siento ahora contento.