El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Usted está loco. ¿Sabe lo que hicimos? Pagamos a esos gañanes para que prendieran a los dos comanches y los retuvieran en casa de Doan un par de dÃas. ¡Gran idea! Pero todo para nada. Ese indio al que nosotros disparábamos habÃa contado nuestros vehÃculos, caballos, ganado y jinetes. Le tiramos a dar, pero iba demasiado lejos. ¿Qué demonios hacÃais vosotros que no le visteis hace varias horas?
Brite mantuvo un discreto silencio.
―Jefe, las provisiones se acabarán pronto ―continuó Texas conforme desmontaba―. Reddie, si tienes otro caballo a mano, yo iré a relevar a uno de los guardas.
―Lo mismo que yo ―dijo Pan Handle.
―Echa un poco de comida pronto, Moze… Nuestro Ross Hice pasó por aquà anteayer por la mañana. Llevaba tres hombres consigo, uno de ellos herido de gravedad, pues tenÃa que ir amarrado a la sitia. Hite iba escupiendo fuego, y todos llevaban mal cariz.
―¿Se detuvieron en la tienda de Loan?
―Seguramente, según nos dijo Bud. Iban faltos de vÃveres y municiones. Llevaban solo dos caballos de carga. Probablemente no le veremos más el pelo hasta llegar a Dodge. Bud dice que pasa por Hays City y que viene a Dodge con frecuencia.
―Dejadle en paz, muchachos. No hay por qué andar buscando pelea ―advirtió concisamente.