El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Jefe, usted perdona fácilmente ―dijo Texas con admiración―. Lo que ocurre es que yo no puedo ser asÃ. En cuanto a Pan, recorrerá dos mil millas por toparse de nuevo con Ross Hite. Y yo iré con él.
―Que no, tú no irás ―intervino Reddie agriamente, con un punto rojo en cada mejilla.
―¡Vaya! Aquà tenemos a la chavala tan dominante como siempre. Brite, si me dan un mal balazo antes de llegar al final, deje que Reddie gobierne el equipo.
Texas Joe habÃa descubierto un modo de hacer retroceder a Reddie, y lo ponÃa en práctica cada vez que tenÃa ocasión. ExistÃa, ciertamente, la posibilidad de que el temerario vaquero perdiera la vida de un modo o de otro antes de terminar el viaje, y Reddie no podÃa soportar una alusión a esto sin descubrir su temor. A juzgar por sus ojos llameantes, probablemente le hubiera dado una fuerte réplica de no intervenir la llegada de Williams y Smiling Pete.
―Aquà estamos, para despachar la última comida a cuenta de Moze ―dijo Williams jovialmente―. Siento verdaderamente tener que decir adiós a esta compañÃa. La gente adquiere una terrible intimidad durante un viaje como el nuestro.
―Reddie Bayne, ¿no quieres quedarte con nosotros? —preguntó Smiling Pete bromeando―. Nosotros no seremos tan dominantes para ti como ese Texas Joe.