El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Gracias, Pete. Yo te guardo mucho afecto ―repuso Reddie en el mismo tono―. Pero mi lugar está en Santone y el rancho de papá.
―¿Papá? ―dijeron los cazadores al unÃsono.
―¡Claro! Mr. Brite me ha adoptado como hija.
―¡No! ¡No! ¡Qué suerte tiene el maldito! Y mira que todavÃa no es tan viejo. Puede que Hash y yo tengamos que enviar nuestras tarjetas a tu…
Pero Reddie corrió a ocultarse detrás de la galera.
―Vamos a ver, muchachos, guardad seriedad ―dijo Brite―. Necesitamos que nos deis cuantas ideas se os ocurran para el resto del viaje.
El equipo de Brite partió del puesto de Doan antes de la salida del sol al dÃa siguiente con cerca de seis mil cabezas de ganado. La manada de búfalos habÃa seguido aparentemente a lo largo del rÃo Rojo.
En la tarde de aquel dÃa una banda de comanches salió de un desfiladero entre dos colinas y detuvo a la cabalgata. Brite galopó delante un tanto azorado, gritando por Reddie y diciéndole que dejara la remuda y le siguiera a él. Cuando llegó a la cabeza de la manada encontró a Texas Joe y Pan Handle con los demás jinetes, alineados ante unos treinta indios rechonchos, de pelo largo y rostro afilado.
―Jefe, le presento a Caballo Negro y su banda ―dijo Texas, lacónico, en son de saludo.