El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Salud, capitán ―contestó Brite volviéndose hacia Caballo Negro. Este comanche no representaba su fama; parecÃa un piel roja ordinario, estólido e indiferente. No carecÃa enteramente de dignidad. Para Brite fue una sorpresa y un alivio. Pero sus ojos de basilisco podÃan tener mucho oculto. Brite lamentó que los cazadores de búfalos no hubiesen ido con él.
―Salud ―repuso Caballo Negro levantando lentamente la mano.
―¿Qué es lo que quieres?
―Carne.
Brite movió su mano, magnánima, sobre la manada.
―Toma la que quieras.
El comanche habló en gruñidos apagados a sus pieles rojas.
―Tabaco ―continuó, fijando de nuevo sus inescrutables ojos oscuros en Brite.
―Mucho, en la galera ―contestó Brite señalando a Moze que se acercaba al trote de su pareja de tiro. Caballo Negro miró hacia la galera, luego hacia la vasta manada y finalmente a los conductores, formidablemente armados y dispuestos en orden de batalla.
―Harina ―resumió el jefe indio. Su inglés requerÃa un oÃdo bien acostumbrado, pero Brite comprendió y mostró su conformidad con un movimiento de cabeza.
―Café.