El Conductor de Manadas

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Obviamente, esto último no era necesario. O el saco era pesado, o Moze había perdido fuerzas, pues lo cargó con gran traba jo y estuvo a punto de derribar a Caballo Negro de su mesteño. El indio dejó exclamar dos exclamaciones que sonaron como: «¡Ya! ¡Ya!». Pero no soltó la harina. Brite ordenó entonces a Moze que entregara a los otros comanches su generosa donación de tabaco, habas y café.

―Vaya, capitán, ya estás servido ―dijo Brite haciendo una demostración de amistad.

―Harina ―dijo Caballo Negro.

―Ya la tienes ―repuso Brite señalando el gran saco. El indio movió enfáticamente la cabeza.

―¡Ladrón indecente! ―exclamó Texas―. Quiere más. Jefe, éste es el momento del aprieto. Si usted se deja, se lo llevará todo.

―Brite, no le dé nada más. Más vale pelear que morir de hambre ―dijo Pan Handle.

Brite movió entonces la cabeza con el mismo énfasis y dijo:

―No más, capitán.

El comanche voceó en su lengua. Su talante no era tranquilizador.

―Montón pólvora. Balas ―añadió Caballo Negro.

―No ―declaró Brite.


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