El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas El indio hizo su demanda con voz de trueno. Esto tuvo el efecto de despertar la ira de Brite, lo cual no era particularmente difícil. Brite movió la cabeza con un gesto lento y definitivo.
―¡Da todo a indio! ―voceó el cabecilla.
―¡Da rayos a indio! ―bramó Brite, súbitamente furioso.
―Así se habla, jefe ―gritó Texas―. Usted le puede atemorizar.
―Brite, no ceda ―prorrumpió la vibrante voz de Pan Handle―. Escuchad todos. Si llega el momento de pelear, Texas y yo daremos cuenta de Caballo Negro y de cuatro o cinco a cada lado de él. Los demás poned atención a los que van detrás.
―Reddie, tú escóndete detrás de la galera y tira desde allí ―ordenó Texas.
Siguió entonces un alto. Era un momento crítico, con la vida y la muerte pendientes de un hilo. ¡Qué horrendas se tornaron las facciones de aquellos salvajes! El astuto y viejo comanche había hecho su alarde y se había topado con un límite. Probablemente comprendía más inglés de lo que fingía. No podía al menos dejar de comprender la actitud fría de aquellos ceñudos conductores de manadas.