El Conductor de Manadas

El Conductor de Manadas

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Comprendió. Aquella táctica persuasiva era el factor decisivo. El indio emitió sonidos agudos y guturales. Dos de sus secuaces se volvieron hacia la manada colocando flechas en sus arcos. Cargado con el botín, del cual no cedería la más mínima parte por ningún sentimiento, Caballo Negro volvió entonces grupas y sin añadir palabra desapareció seguido de su banda.

―¡Escapamos por milagro! ―dijo Brite respirando fuertemente, con un intenso alivio.

―En efecto. Pero por mayor milagro ha escapado ese comanche de cabeza redonda con su banda ― declaró Texas―. Cometió un error, y se acercó demasiado. En diez minutos los hubiéramos barrido. ¿Eh, Pan?

―Yo quisiera haber abierto fuego ―repuso Pan Handle con una voz extraña.

―Dejad las cosas como están, demonios ―gritó Brite. ―Jefe, seguiremos juntos hasta que pase la remuda ―continuó Texas.

―¡Yuupi! No hay quien pueda con nosotros ―voceó Deuce Ackerman, vigorosamente, echando la cabeza hacia atrás. Los demás mostraron su alivio con iguales o similares gritos salvajes.

―Yo no sé lo que esta cochina suerte nos tendrá guardado ―observó Whittaker, suavemente, como para su capote. Era el más tranquilo de todos.


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