El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Partieron a caballo a reunirse con los cuatro que estaban de guardia.
―¿Qué va a salir de esto? ―gritó Less Holden, conforme los otros llegaban al alcance de su voz.
―Estamos jugando con la muerte, vaquero ―repuso Texas Joe.
Esto mismo le parecÃa a Brite. Las condiciones sobrenaturales aumentaban imperceptiblemente. Se hizo tan claro que los rostros de los jinetes brillaban como mármol a la luna. No habÃa sombras. La oscuridad de la noche habÃa sido eliminada y, sin embargo, no habÃa luna y las estrellas se habÃan desvanecido en el globo celeste.
―Podemos contenerlos aquÃ, si es que no cogen pánico ―dijo Texas―. ¿Qué hace el ganado, Less?
―Lo que puedo decir es que no pace, y la remuda parece que ha enloquecido.
Brite siguió a Reddie hasta el oscuro parche de mesteños, apiñados bajo el muro occidental. Este terraplén era lo bastante alto y escarpado para que los mesteños no pudieran trepar por él. Un cosquilleo inquietante pasaba a través de la masa. Al sentir llegar los jinetes se alejaron en tropel con un sordo rumor de cascos.
―¿No puedes cantarles para sosegarlos, Reddie? ―preguntó Brite.