El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Trataré de hacerlo, pero la verdad es que no me siento ruiseñor esta noche ―repuso Reddie―. No he oÃdo cantar a ninguno de los muchachos.
Reddie comenzó a cantar en tono bajo y trémulo «La Paloma», y conforme iban pasando las notas, su voz dulce y plañidera se hacÃa más fuerte. La extraña atmósfera parecÃa intensificarla, hasta que hacia el final se hallaba cantando con un vigor y una belleza que embelesaban al ganadero. Cuando ella hubo terminado, Texas Joe, que rara vez cantaba, rompió el silencio con su fiera y penetrante voz de tenor, y luego todos los demás empezaron a cantar enlazando sus voces en una maravillosa vibración a lo largo del valle solitario. La remuda se sosegó, y al fin la gran manada parecÃa encadenada a la música.
Los conductores de manadas cantaron a coro y en cuartetos, dúos y solos hasta que agotaron su limitado repertorio, y su potencia vocal.
Cuando ya no tenÃan más que dar, se habÃa hecho tarde, y como en respuesta de la lejanÃa esteparia se fue acercando el sordo rumor de un trueno, mientras que pálidas llamaradas de relámpagos cruzaban el cielo.