El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Los jinetes aguardaron sentados en sus monturas. El que estuvieran impacientes, el que no fumasen ni permaneciesen tranquilos, demostraba lo anormal de la hora. Se mantuvieron juntos y hablaban con frecuencia. Brite observó que Reddie rara vez dejaba que su inquieto caballo negro se separara dos metros de los otros.
El resonar del trueno y los extraños relámpagos podÃan presagiar tormenta, pero, aparentemente, ésta no se acercaba más. Brite observó que el singular resplandor parecÃa más intenso. El aire bochornoso y soñoliento se hizo más denso. TenÃa peso. ParecÃa formar sobre el ganado y los hombres como una capa transparente.
De pronto, el cielo fue rasgado por terrorÃficas lanzas de relámpagos que dieron salida a un sonido cortante y crujiente. La lluvia empezó a caer, pero no en cantidad. Brite esperó por el estallido del trueno, pero no tuvo lugar. Entonces reconoció con certeza los sÃntomas de una tormenta eléctrica conforme se la habÃan descrito.
―Muchachos, no queda sino dejarse galvanizar ―dijo―. Estamos tan seguros aquà como en cualquier parte. No podemos hacer más que esperar y contener al ganado. Pero si lo que me han contado es verdad, todavÃa les entrará el pánico.
―Aquà estamos nosotros, jefe ―gritó Texas, y otro grito tranquilizador brotó de Pan Handle.