El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¡Oh papá! ―exclamó Reddie―. ¡Pase la mano por la crin de su caballo!
Brite hizo lo que le decÃa, sobrecogiéndose al sentir el crujido y siseo de una corriente de chispas que se extendÃa hasta las orejas de su caballo. Brite saltó como si le hubieran dado un tiro. No volvió a intentar hacer aquello… Pero miró a Reddie. Un fluido eléctrico parecÃa jugar y arder con fuego verdoso a través de la crin del negro, corriendo hasta las puntas de sus orejas, donde estallaba. Al obediente caballo no le gustaba esto, pero se mantenÃa firme, sin hacer más que algunas cabriolas.
―Niña, el aire está cargado ―dijo Brite temerosamente.
―¡SÃ, papá; y va a reventar! ―chilló Reddie, mientras la llanura entera resplandecÃa bajo la blanca cúpula.