El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Cómo está usted, Mr. Brite? ―repuso el jinete―. Siento venir borracho. Pero es que me topé con un viejo compañero, Less Holden, y… el diablo lo lleve. Me obligó a echar la despedida, y lo que echó fue un barril de aguardiente a mi garganta.
Brite conocÃa a los tejanos. No necesitaba mirar dos veces a este hombre para hacerlo con simpatÃa, para admitirlo a su servicio aun sin la recomendación del coronel Blanchard.
―Yo los dejo solos para que arreglen el asunto ―continuó Blanchard―. Puede quedarse con Tex desde ahora mismo. Creo que no le pesará.
―Muy bien, coronel. Agradecido ―contestó Brite―. Vamos, Shipman; tomemos asiento… Tenga un cigarro… ¿Qué sueldo quiere usted por hacer de mayoral en mi próximo viaje?
―Bueno…, ¿cuánto pagará usted? ―preguntó Shipman; y era fácil advertir que el precio no le importaba mucho.
―Cuarenta mensuales, teniendo en cuenta que llevaremos cuatro mil quinientas cabezas…
― ¡Rayos!… ¿Y cuántos jinetes, patrón?
―Por lo menos, diez; quince, si los encontramos.
―Con diez no es posible hacerlo. Este verano habrá una refriega de mil diablos a lo largo de ese sendero.
―¿Acepta usted el puesto?
