El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas Los vaqueros fumaban y cantaban, el ganado dormÃa o descansaba, el balsámico viento de la noche agitaba la hierba, los patos silvestres aleteaban sobre el lago. Las estrellas palidecÃan ante la luna llena.
Texas Joe apareció al trote.
―Jefe, váyanse a dormir, usted y Reddie. Dos horas de descanso, y luego otras dos de guardia para cinco hombres. TodavÃa no estoy seguro de que no haya novedad.
Reddie no cesaba de entonar su dulce cantinela.
―Pero, Tex, no puede ser ya medianoche ―exclamó Brite.
―No puede, pero lo es; no le quepa duda. Váyase con su… Reddie, tienes una voz demasiado dulce para un muchacho. Verdaderamente me traes intrigado.
―¿Ha oÃdo usted, jefe? ―susurró Reddie, furiosamente, agarrándose al brazo de Brite―. Ese hombre tiene sospechas.
―Déjalo… ¡El diablo le lleve! Si al fin te descubre, tanto peor…
―¿Para él o para m�
―Para él, seguramente.
―¿Qué quiere decir con eso de tanto peor, jefe? ―Le estarÃa bien que se enamorase de ti de tal modo que…