El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Creen ustedes que nos siguen la pista? —preguntó.
―Todo es posible ―repuso Brite.
―Y si lo hacen, ¿qué? ―inquirió Smith―. Somos doce hombres. HarÃan una jugada tonta.
―Smith, esto tiene mala cara. Tex ha recorrido otras veces el sendero. Él sabe como yo que los ladrones de ganado pueden venir persiguiéndonos. Mi manada es demasiado grande. Y mi equipo demasiado pequeño.
―Ladrones de ganado, ¿eh? Me doy cuenta.
―Nunca he tenido ningún tropiezo ―siguió diciendo Brite―. La verdad es que he tenido una suerte loca. Pero he oÃdo contar las que han pasado otros dueños de manadas. Existen pérdidas frecuentes de ganado. En su mayorÃa son debidas a esos salteadores que, poco a poco, van reuniendo reses hasta formar un hato suficientemente grande para conducirlo hasta Dodge por su cuenta. Existen también conductores envidiosos que pagan a los salteadores del sendero para que siembren el pánico en la manada que marcha inmediatamente delante de ellos. Es un asunto de lo más indecente.
―Ya, pero es también un asunto de gatillos ―declaró Texas con los ojos encendidos―. Jefe, esta noche haremos una exploración hacia atrás, o bien aguardaremos a ver si…