El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Quién va? ―dijo una voz raspante que partÃa de la penumbra. Era la voz de Texas Joe.
―Brite. ¿Dónde estás?
―AquÃ. Tenga cuidado con un hoyo.
Brite y Bender se reunieron pronto con un grupo de cuatro, uno de los cuales estaba a caballo. Este jinete estaba hablando:
―…yo no sé nada, salvo lo que he oÃdo. Caballos desmandados. Luego, tiros. Dos disparos de fusil de aguja, y después uno del 45.
―Ya. ¿En qué dirección, San?
El vaquero tendió su brazo hacia el sur.
―Estad atentos todos ―ordenó Texas Joe, y se echó a tierra, aplicando el oÃdo al suelo.
El silencio era intenso y vibrante. Nada lo interrumpÃa. Texas se levantó.
―Hay caballos en movimiento por alguna parte. Desasosegados solamente. Han dejado de correr… Ahora, de nuevo, poned atención.
Texas hizo una bocina con las manos en torno a la boca. Una sibilante inhalación de aire dio muestras de su intención. De pronto, voceó:
―¡Ea, Reddie!
Su vigorosa voz hendió el silencio y rodó como una ola sobre la llanura con un timbre extraño y salvaje. Inmediatamente vino la débil pero inequÃvoca respuesta del sur.