El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¡Ea! Suena como si…
―¡Ssssh! Escuchad con atención ―interrumpió Texas. Otra respuesta partió en la dirección contraria, a la que siguió un lejano grito al oeste. Finalmente, una voz más cercana completó la situación de la manada.
―Desplegad, muchachos, y galopad en esta dirección ―ordenó Texas―. Deteneos, cada cien metros, a ver si veis los caballos. Me figuro que habrá refriega.
San Sabe partió a la cabeza en su caballo y pronto se perdió de vista. Brite se dirigió a la derecha, obedeciendo órdenes. Se habÃa detenido ya unas doce veces cuando oyó el primer sonido; luego sintió rumor de caballos invisibles. Después de esto marchó sofocado, lleno de ansiedad. Texas Joe habÃa respondido con menos tranquilidad de la acostumbrada a esta interrupción de medianoche. Unos agudos relinchos de caballo hicieron virar a Brite hacia la izquierda. A poco, una compacta masa negra se destacó en el fondo gris.
―¿Dónde diablos estás, Reddie? ―llamó Shipman.
―Aquà estoy; ya llego ―fue la respuesta, en una voz penetrante que Brite habÃa aprendido a reconocer. Luego se acercó al grupo, que esperaba, en el momento en que el gran caballo negro de Reddie Bayne asomaba sobre la llanura gris.