El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―¿Qué haces aquà a esta hora? ―preguntó Texas Joe en tono perentorio.
―No he ido al campamento ―replicó Bayne.
―¡Ajá! ¿Y por qué no has obedecido las órdenes?
―Me entraron sospechas, Shipman. Asà que me quedé con los caballos. He oÃdo voces y visto luces. Entonces, agrupé la remuda y la conduje hacia el campamento, lejos de la manada. A poco, sentà golpeteo de cascos. Luego apareció una sarta de jinetes a galope. Yo hice fuego contra el cabecilla y le di a su caballo. Pero continuó adelante. Él y sus jinetes se agolparon hacia mi remuda. Cuando empezaron a hacer fuego, me di cuenta de a lo que venÃan. Separaron algunos de mis caballos y se los llevaron. Yo hice fuego contra ellos y contestaron a mis tiros… Eso es todo, me figuro.
―¡Salteadores!… Deuce tenÃa razón ―declaró Texas Joe.
―Apretemos las espuelas, y vamos a darles caza ―sugirió Holden.
Brite no lo creyó conveniente, pero se calló.
―¿Cuántos eran, Reddie? ―preguntó Texas.
―No pude contarlos. Pero no eran muchos.
―Aguardaremos hasta el dÃa, de todos modos… Reddie, ve al campamento y duerme. Falta poco para el amanecer.