El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―Si usted no se opone, prefiero quedarme por aquà ―repuso Bayne.
―Bueno, puede que sea mejor… Desplegad, muchachos y rodead la remuda a distancia. Si sentÃs venir jinetes, gritad.
El silencio se tendió de nuevo sobre la sabana. Los jinetes se desvanecieron uno a uno. Brite patrullaba un recorrido que al fin le condujo al encuentro de Texas Joe.
―¿Qué te parece todo esto, Joe?
―Me parece que era de esperar. Vamos a tener una dura faena. Demasiadas reses para tan pocos conductores.
―Asà lo creo yo ―añadió el jefe, pensativo―. Pero oye, Shipman. Si llegamos a Dodge con la mitad de la manada, todavÃa haré un buen negocio. Y ten la seguridad de que no me olvidaré de mis jinetes.
―Jefe, a mà no me preocupa la cantidad de reses que perdamos. Pero no abandonaré un solo cornilargo sin disputarlo de firme. En cuanto al robo de caballos, esto me indigna… Diga, Brite, ¿no le ha sorprendido que ese chico, Bayne, se quedara aquà solo? ¡El diablo le lleve! A veces me irrita, pero no puedo menos de cobrarle simpatÃa.
―Lo mismo me pasa a mÃ… Texas, quisiera que trataras a Reddie un poco mejor.