El Conductor de Manadas
El Conductor de Manadas ―SÃ; ya lo he notado. Pero no puedo tener favoritos en el equipo. Los demás acabarÃan por odiarme a muerte antes de llegar a Dodge… Y… eso es lo que no ocurrirá jamás, Brite.
―Hay recelos, ¿eh? ―preguntó el jefe sombrÃamente.
―Pudiera haberlos… Bueno, el Este comienza a clarear. Me pregunto qué nos traerá este dÃa.
Brite volvió afanosamente a su guardia, y observó como las estrellas palidecÃan, y se borraban, a medida que el Este se iluminaba con un gris lejano y mágico, y los caballos, el ganado y la tierra cobraban forma.
Luego vio que Texas le hacÃa seña de que volviese al campamento. La manada se habÃa levantado y comenzaba su lento movimiento hacia el Norte. Y de nuevo el dÃa era bella promesa. Al entrar en el campamento, Brite vio a San Sabe, Bender y Ackerman de pie, con tazas en la mano, en torno a Alabama Moze.
Luego entró Texas a pie, sus ojos de lince a medio abrir, los labios apretados.
―Deuce, ve tú a hacer la punta y sigue adelante ―dijo brevemente―. EnvÃa a Pan Handle acá con los otros.
―¿Vais a trabar refriega?
―Seguramente. Reddie viene con algunos caballos. Vamos a seguirles el rastro hacia el Sur… Jefe, hemos perdido más de veinticinco caballos.