El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Con el continuo trote, Elena entró en reacción de tal modo que únicamente tenÃa los dedos frÃos y ateridos. Su ánimo, sin embargo, decaÃa tanto más cuanto más consideraba lo comprometido de la situación. Tan oscura se puso la noche, que aun cuando su caballo marchaba con la cabeza casi pegada al flanco del de Bo, apenas podÃa ver Elena a su hermanita. De vez en cuando le preguntaba cómo se encontraba y la respuesta era siempre tranquilizadora.
Más de un año hacÃa que Elena no montaba a caballo, y muchos habÃan transcurrido sin que hubiese montado con regularidad. Por este motivo, el temor y el recelo la embargaban cuando se colocó en la silla; pero no sin sorpresa y gran satisfacción por su parte pudo comprobar la firmeza con que se sostenÃa en ella, gracias principalmente a las reacciones suaves y a la docilidad del caballo Ranger. Bo, en cambio, habiendo tenido ocasión de montar con más frecuencia en una hacienda cercana a su casa, demostró ser mejor jinete cine su hermana. Menos mal cine la silla era cómoda y blanda; de lo contrario, la ordalÃa hubiese sido mucho más penosa.
