El Hombre del Bosque
El Hombre del Bosque Hubiera sido difÃcil sospechar que temÃan la llegada de sus perseguidores. Elena creyó descubrir en aquellos rostros la intranquilidad. Era evidente que Roy se esforzaba en aparentar una satisfacción que no sentÃa; Dale, en cambio, disimulaba su inquietud detrás de una impenetrable capa de imperturbabilidad.
—Descansen ustedes o paseen —aconsejo a las muchachas—. Hemos de recorrer todavÃa cuarenta millas antes de que anochezca.
Elena eligió el descanso. Bo prefirió el paseo. Se fue a acariciar a los caballos y a corretear alegremente por los prados. Su curiosidad la llevo también a revolver y husmear la impedimenta.
Dale y Roy cuchicheaban en voz baja mientras lavaban los utensilios y los empaquetaban y colocaban en una gran cesta de mimbre.
—¿Esperas que Anson encontrará nuestras huellas esta mañana? —preguntó Dale.
—Mucho me lo temo —replicó Roy.
—¿Y cómo podrá encontrarlas tan pronto?
—No conoces a Snake Anson, si crees lo contrario afirmó Roy.
—¿Por qué habÃa de sospechar? —preguntó Dale.
—Escucha, Milt, ya te dije que ayer Snake nos encontró en Show Drown y nos miro con suspicacia.